jueves, septiembre 15, 2005

La maldicion de los cañaverales... El final? (4ta parte)

Comencé a analizar mis posibilidades de retirada sin molestar más a ese bosque. Ya había perdido la guerra, esperaba poder irme sin bajas ni castigo. Miro hacia arriba y me encuentro el campo de batalla, con solo huellas y cañaverales que habían retomado sus posiciones. Legiones enteras me rodeaban, la nieve las ocultaba parcialmente.

Tomé en cuenta la posible opción de subir... Hice un diagrama de decisiones en mi cabeza. No, no era lo más conveniente ¿Hasta dónde iba a tener que subir? Además de lo obvio, es más difícil subir que bajar. Si bajaba a algún lugar iba a llegar, de eso estaba seguro.

Sí, iba a bajar. Los cañaverales no me habían contestado aún. Me saqué los esquíes, los prepare para el descenso lento y pesado a través de ese tupido lugar. Uní los esquíes, me desajuste mis botas verdes y tomé los bastones con mi mano izquierda.

Di mis primeros pasos, la nieve no podía sostener mi peso y se hundía. Yo intentaba mantener el equilibrio aunque era muy difícil.

La idea era hacer una especie de travesía, cruzar el quiebre entre lomos y llegar a Amancay. Pero parecía imposible avanzar en forma horizontal... O de cualquier otra forma! Cambié mi plan, y me dije a mi mismo: “volvemos a la guerra, pero esta vez a pie”. Los malditos cañaverales no me habían respondido todavía, pero era obvio que no me iban a dejar escapar de esta sin ningún rasguño... o por lo menos no sin intentarlo primero. Sabían que mis fuerzas eran escasas, ya estaba en mis reservas. Lo único que tenía a mi favor eran 250cc de Gatorade que guardaba para situación de emergencia en mi mochila aventurera, compañera de emociones... Mi única testigo.

A medida que bajaba los pequeños pasadizos entre mis enemigos se iba a estrechando. Sus líneas se ponían cada vez más en posición de falange. Se iba a poner feo si eso ocurría completamente.

Mientras comencé a utilizar la técnica de “Tiro todo y después me tiro yo. Nado entre los cañaverales y recojo mis cosas”, la cual era muy útil en estos casos.

El silencio estaba a mi alrededor, la naturaleza y yo parecíamos uno. Estaba como Jon Muir, pero por un tiempo más limitado. La soledad no era mi problema, la necesitaba... Me calmaba y me hacía pensar con claridad. Lo peor que me podía ocurrir era quebrarme y no poder bajar, pero para eso estaba el celular, no?

La lucha se puso cada vez mas dura y mi técnica comenzó a volverse obsoleta. El movimiento horizontal hacia el final del lomo parecía mi mejor opción. Y así lo fue!

Fue difícil mantenerme tranquilo y pensar con claridad en una situación así, pero lo hice. Comenzaba a desesperarme la idea de no estar seguro de mis pisadas. Pensé que había perdido mi orientación, me preocupé.

Al cabo de un rato llegué a mi primer objetivo para escapar de aquel infierno blanco y frió. Me encontré con pisadas! Sí, pisadas! No pueden imaginarse como se me levantó el autoestima en el momento. No estaba perdido, sabía por dónde iba todo el tiempo! Me sorprendí a mi mismo.

Existía un pequeño inconveniente: Para llegar a donde estaban esas pisadas debía bajar 4mts con una inclinación de –60º, totalmente liso. Al fondo me esperaba un arroyo... Bien al fondo, cuando se acababa la nieve había un hueco de un metro de profundidad por donde éste corría. Y no terminaba ahí, una vez que llegara al borde tenía dos posibilidades: o bien saltaba 1 metro con las botas puestas por sobre un arroyo (los riesgos eran bastantes altos); o podía cruzar un puente artificial formado de nieve compacta (cabe aclarar que no sabía nada sobre su estabilidad).

Analizando probabilidades, me decidí por seguir esas huellas, iba a ser más fácil que seguir por mi lomo lleno de estos malditos cañaverales que cada vez se volvían mas experimentados en el arte de la guerra ( ¿Habrán leído Maquiavelo?? Malditos cañaverales cultos!).

Bajando por ese pequeño tobogán hacia mi destino me percaté que debía ser muy cuidadoso. Usando mis esquíes como seguro en la nieve por si las dudas había un desliz, llegué a medio metro del puente natural. Había que testear su estabilidad poniendo X cantidad de peso encima, obviamente no me iba a mandar de una – Tenía mucho por perder!. La raíz de un árbol me sirvió de apoyo para probarlo.

Clack! Se rompió la raíz, parecía estar podrida - ¿Cómo no me fije antes! En menos de un segundo busqué con los ojos otro lugar, un cañaveral se apiadó de mi y me extendió su brazo. Lo agarré. Me salvó de un chapuzón seguro!

Probé el puente y parecía suficientemente resistente, aunque el “piso” de nieve del otro lado era flotante... Dudé nuevamente, pero no tenía otra opción. Ya había tirado mis cosas del otro lado, tenía que ir a por ellas.

Caminé sobre el bendito puente dos pasos... al tercero, sentí un “crack” e inmediatamente salté al otro lado. El instinto me sirvió de algo, finalmente. El puente se deshizo y yo ya estaba del otro lado. Muy oportuno.

Recogí mis cosas y seguí el pequeño arroyo bajando la montaña. Las pisadas como guía me sirvieron para evitar ciertos problemas que esas personas sí tuvieron, por ejemplo resbalones hacia el arroyo. De todos modos tuve el mío cerca del “paso”, la rodilla no me falló.

El sonido de las snowmobiles comenzó a escucharse. Rompía con el silencio espiritual al que estaba acostumbrado unas horas antes, pero qué lindo era saber que cada vez estaba más cerca de la civilización. Iba a poder volver a comer algo – Recuerden que no había almorzado.

El camino! El camino de las snowmobiles estaba en frente. Unos cien metros más allá. Caminé sin complicaciones. Tuve cierto grado de euforia porque había terminado mi odisea, pero nostalgia por todo aquello que viví atrás. Para despedirme salte entre unas cañas que impedían mi paso, tirando un 360. Hice un 540, pero casi me caigo al arroyo de nuevo. Hubiera sido irónico el final si me hubiera caído. Realmente.

Caminé por el camino unos veinticinco minutos hasta alcanzar la parte en que es bajada. Me puse los esquíes y bajé. Llegué al huevito. Eran la 16.30pm. Me sentía cansado pero... era uno de mis últimos días.

Me puse las pilas y subí... Mala decisión! Estaba muy cansado.

En el huevito me llama mi viejo:

- Hola, tomas?

- Sí, que pasa pa?

- Nada, llamaba para avisarte que al final no vamos nada a bucear. Te quedaste sin aventura.

2 Personas desocupadas

At 6:59 PM, Blogger 2+2=5 dijo...

Jajaja, que mala milk. Muy desesperante el remate, ¡pobre vos!.

Che, entro por primera vez, y para mi asaombro, ¡estoy en tus links!(IUPIII!!!!).
Buenisimo, ahora te agrego a los mios.
(Con el blog se conoce gente, ¡mierda eh!)
Graciela!

 
At 1:00 PM, Blogger Jeju dijo...

Che me regustó tu blog!! Ahora te estoy agregando!
Besitos

 

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